Primer Duelo



Llegar a definir lo que me ha estado pasando como un proceso normal me ha costado mucho, asumir que lo que vivo es lo que se denomina duelo migratorio ha sido un largo y tortuoso camino.
El definirlo y asumirlo no ha eliminado la sensación de desarraigo pero al menos me ha ayudado a entender lo que he estado viviendo.
Un duelo siempre implica una pérdida y la vida está llena de pérdidas y cambios con el consecuente proceso de adaptación, un proceso de adaptación a una situación diferente. Las pérdidas son diversas, se pierde a los seres queridos, se pierden relaciones, se pierden etapas de la vida, se pierden trabajos, se puede perder todo, absolutamente todo es susceptible de ser perdido por simplemente vivir.
Estás perdidas pueden ser definitivas, en el caso de la muerte o pueden ser momentáneas. Pero en todas ellas el duelo y sus faces están presentes.
Cuanto te ves forzado a emigrar toda tu vida se trastoca, toda la vida que conocías hasta el momento desaparece.
Desaparece en todos los aspectos, uno amplio relacionado con todo cuanto te ha rodeado hasta el momento y otro personal,  íntimo.
Y la desaparición de todos esos aspectos que te han rodeado siempre, de ese espacio vital que te ha convertido en el ser humano que eres te desestabiliza hasta el punto de perderte a ti mismo.
Y es que te vas…
                                  Y…

Tus referentes desaparecen
Tus olores familiares desaparecen
Los colores, la luz, la temperatura de tu mundo desaparecen
Tu forma compartida de entender el mundo desaparecen
Tu forma de actuar y relacionarte desaparecen.

                                Y…

te sientes perdido
En un mundo desconocido.
Un mundo convertido en acertijo. 
Sientes que te ahogas, respirando  ese aire enrarecido. 
Ese aire que tus pulmones no reconocen.. 
Sólo en sueños logras rozar por breves momentos los olores, la luz, los sabores 
Solo en sueños los ojos recorrerán el paisaje, el cielo azul, el verde frondoso de los árboles 
 solo en sueños la ola tibia besará tu pie y el canto insistente de las ranita llenará el silencio de la noche… 


En mi caso particular reconocer y enumerar este primer aspecto me ayudo a comprender  y a ver con claridad mi primera gran perdida. Una perdida casi imperceptible, de la que apenas te das cuenta, pero que es tan trascendental como respirar. La pérdida del entorno, de la cosmovisión del mundo, de entender la vida y las relaciones es quizás una de las más profundas y al mismo  sutil de las pérdidas del desarraigo.
Los sonidos que te han acompañado siempre, los olores que has sentido siempre, los paisajes que contemplaste siempre, los sabores de toda tu vida ya no existen más, pero apenas basta un leve sonido, un olor casual, un rayo de sol penetrando una hoja, la brisa rozando tu piel para trasportarte al paraíso perdido.
Un duelo duro y recurrente, siempre agazapado, siempre a la espera de una oportunidad para aflorar.
Pero ahora lo tomo al vuelo, ya lo definí, ya se lo que es y nunca podrá volver a confundirme, a sumirme en esa tristeza difusa que a veces me invadía.
El primer duelo del desarraigo no está superado, no esta acabado pero si esta asimilado…

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