Diciembre 2019
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| diciembre 2019 "Yo" |
Releyó la frase del poema una y otra vez, se detuvo en cada palabra, la grandiosidad del significado encerrado en palabras simples arrancó un silencioso sollozo en su pecho. Lo leyó de nuevo, lo deleito con el pensamiento y lo sintió con dolor, con ese dolor de experiencia vivida y compartida. Dolor del presente que vive y comparte. Y. “…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”*, se adueñó de su día y como un eco constante se convirtió en el sonido de su respiración.
“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…” camino con ella por la calle, contemplo el cielo, se sentó a su mesa y se acostó en su cama.
“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…” Trasmutado en espejo que la reflejaba, imagen de extravío, imagen triste de desarraigo, imagen difusa y confusa de su destierro.
“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”.
Trato de arrancar las palabras de su mente, de silenciarlas con conversaciones intrascendentes, con música estrepitosa, con pensamientos agradables, pero todos los intentos fueron vanos.
“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”. Repetido cada segundo, minuto, hora, cada instante de ese día como un murmullo. Como un recuerdo de su presente. Como un golpe constante y doloroso de su existencia.
Agotada, marchita, sin fuerzas ya para continuar, decidió como último reducto de salvación analizar con la razón lo que ocurría.
Se dio cuenta que hay frases que te hieren tanto, que se clavan como puñales en tu alma. Frases que en pocas palabras destruyen la coraza que te has construido para sobrevivir. Frases poderosas trocadas en tu vida. Frases que hablan de ti y de todo lo que sientes.
Se dio cuenta que en esas frases que encierran tu vida puede estar tu perdición, pero también tu salvación. Pues en ellas están la comprensión de lo que vives y que no has podido definir con palabras. Te develan tu situación, tu existencia y ese primer paso puede guiarte hacia la salida.
Se dio cuenta, ya en un plano más personal, que, efectivamente, si su hilo conductor se había perdido, trataría de encontrarlo, que si se había roto trataría de unirlo, que si se había extraviado para siempre podría buscar otro hilo y empezar, desde este ahora, la construcción de un nuevo discurso.
Se dio cuenta que muchas veces lo que impide encontrar el hilo es el peso que cargamos, que nos impide movernos en todas las direcciones, que nos resta agilidad y soltura, que se convierte en un peso muerto que te impide caminar.
Y después de este monologo silencioso, lo que no pudo acallar ni con conversaciones intrascendentes, ni con música estrepitosa, ni con pensamientos agradables empezó a perder fuerza.
“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”. Se fue alejando, se fue atenuando hasta que el murmullo casi desapareció.
“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”,“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”,“…perdí el hilo del56“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”,,“…perdí el hilo del56“…perdí el hilo del discurso que se ejecutaba en mí y no he podido encontrarlo…”. …
Había tantas mercerías con hilos de hermosos colores que no dudo que encontraría uno que le gustaría, un hilo hermoso con suficiente resistencia que una vez encontrado lo amarraría a su dedo con tal fuerza que no volvería a soltarse.
La frase dejó de sonar cada segundo, cada minuto, cada hora. Dejo de acompañarla en la calle, dejo de sentarse a la mesa, dejo de dormir en su lecho. La abandonó definitivamente cuando la noche siguiente contempló el cielo.
Habían sido 24 horas de extravío, solo 24 horas que le habían enseñado que el hilo es recuperable o sustituible y que leer poesía antes de dormir o al levantarte no es conveniente porque puedes encontrarte con una frase devastadora, bella y sencillamente expresada, que puede acabar con tu frágil equilibrio.
Tomó el libro de Rafael Cadenas, lo cerró con fuerza, en un intento por mostrarle su molestia y lo guardo en una gaveta. Ya vendrían tiempos mejores para leerlo, por ahora solo leería poemas de amor y vitalidad y tomó el libro de Walt Whitman y lo colocó al lado de su cama.
*Nota: frase del poema “Derrota” de Rafael Cadenas


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